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Kjell A. Johansson y la edición de “Moderna spanska noveller” (1964)

spanskanovellerEn 1964 la colección de libros de bolsillo Panache de la editorial Bonniers (Estocolmo) publicaba el volumen Moderna spanska noveller (“Cuentos españoles modernos”), con selección y prólogo de Kjell A. Johansson, y traducidos por el propio Johansson y su mujer Sonia, matrimonio residente en Kristianstad.

El índice del libro recoge 17 cuentos de 14 autores, todos ellos relacionados con la literatura social-realista de los 50, con la inclusión de Luis Romero y Camilo José Cela, así como de dos autores que habían escrito en plena Guerra Civil, como Arturo Barea o Max Aub.

Johansson era un joven sueco que estaba interesado por España desde su primera visita a Barcelona en 1954, con 19 años.

Con mis viajes a España empecé a conocer escritores, algunos de los mayores -no muy mayores entonces- como Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Gabriel Celaya y Blas de Otero. Y fui a Valladolid a ver a Miguel Delibes.

Pero era sobre todo con los jóvenes, los que más tarde se conocerían como la generación de los 50, aunque lo de generación es discutible, con quienes me sentía más afín, con los que no habían tenido edad para tomar parte en la guerra civil pero que la habían vivido como testigos, testigos impotentes, y que les había afectado profundamente, vinieran de donde vinieran.

Los primeros que conocí -según creo recordar- fueron Juan García Hortelano y Armando López Salinas. Después, muy pronto, conocí a muchos otros, novelistas y poetas. A algunos sólo por sus libros, como Juan Goytisolo, que se traducía mucho y a un montón de idiomas, también al sueco, en aquellos años. De Luis Goytisolo leí la segunda edición, la del año 1962, de su novela Las afueras, que entonces ya estaba traducida a media docena de lenguas, aunque no al sueco. El primero de los hermanos Goytisolo que conocí personalmente fue José Agustín.

Entre 1964-1967 K. A. J. publicó tres libros “españoles” de gran interés: el que motiva esta entrada, Det svarta Spanien (Bo Cavefors, 1966), del que me ocuparé en una entrada posterior, y Ord i tiden (“Palabra en el tiempo”, 1967), una antología de la poesía de Antonio Machado. A esta antología de cuentos se ha referido el propio Johansson:

Con todos estos contactos era casi inevitable que mi esposa, Sonia Johansson, y yo empezáramos a traducir cuentos y poesía, sobre todo cuentos, de estos escritores, a veces cuentos inéditos en español, prohibidos por la censura, en periódicos y revistas, y en 1964 reunimos diecisiete de estos cuentos en un volumen con el título Moderna spanska noveller, publicado por la editorial Bonniers de Estocolmo.

Al mismo tiempo empezaban a publicarse novelas de algunos de estos escritores en Suecia. Mi gran amigo entonces y hasta su muerte hace un par de años, el danés Ebbe Traberg, gran especialista de jazz y de ciclismo además de literatura, y conocedor de todos los rincones de España como pocos, hizo lo mismo para Dinamarca. Su antología salió al año siguiente, en 1965. No coincidió ningún cuento en las dos antologías pero sí, inevitablemente, algunos de los autores: Antonio Ferres, Armando López Salinas, Ana María Matute y Alfonso Grosso. En nuestra antología no aparecía ningún Goytisolo. En la de Ebbe Traberg tanto Juan como Luis. En el caso de Luis no estaba en la nuestra por falta de material, ya que no conocíamos ningún cuento suyo. Ebbe había encontrado uno que se llamaba «Claudia».

Este es el índice del libro, en el que aparecen cuentos que se publican por primera vez, o que sólo habían visto la luz fuera de España, debido a la censura:

  • Arturo Barea: “I bergen” (p. 15) y “Bomber i odlingen” (pp. 16-19). Ambos cuentos -“En la sierra” y “Bombas en la huerta”- pertenecen al primer libro de Barea: Valor y miedo (Barcelona, 1938).
  • Max Aub: “Den halte” (pp. 20-44). “El cojo” fue escrito en 1938 en Barcelona y publicado en la colección No son cuentos (1944). Johansson considera que una de las grandes lagunas de la traducción sueca es la falta de ediciones de Max Aub.
  • Camilo José Cela: “Apelsinen är en vinterfrukt” (pp. 45-54). “La naranja es una fruta de invierno”, de Nuevo retablo de don Cristobita (1957).
  • Luis Romero: “Havet” (pp. 55-61). “El mar”. De Luis Romero había ya una novela traducida en sueco: Stöten (“Los otros”, de 1956; Estocolmo, Tidens, 1962).
  • Miguel Delibes: “En kväll som denna” (pp. 62-73). “En una noche así” se incluye en La partida (1954). Es la primera traducción de Delibes al sueco.
  • Lauro Olmo: “Kantichandran, hindu” (pp. 74-96). “Kantichandra, el hindú” no se había publicado en libro aún.
  • Ignacio Aldecoa: “Avskedet” (pp. 97-103) y “Även om han inte sett solen” (pp. 104-111). “La despedida” y “Aunque no haya visto el sol” forman parte de Caballo de pica (1961).
  • Antonio Ferres: “Juanico-Dios” (pp. 112-123). Cuento que no había aparecido en libro, debido a la censura. No sé si es inédito, o se había publicado en alguna otra parte.
  • Armando López Salinas: “April, den gången” (pp. 124-132) y “Den mänskliga värmen” (pp. 133-139). “Aquel abril” y “El calor humano” forman parte de Crónica de un viaje, libro en prensa, todavía no publicado.
  • Ana María Matute: Nytt liv” (pp. 140-147). “Vida nueva”.
  • Jesús Fernández Santos: “Kusinen Rafael” (pp. 148-169). “El primo Rafael”, de Cabeza rapada (1958).
  • Rafael Sánchez Ferlosio: “Och det varma hjartat” (pp. 170-179). “Y el corazón caliente” (1956). De Ferlosio se había traducido al sueco Lockropet (algo así como “Grito callado”, es decir, Alfanhuí, 1951; Estocolmo, Tidens, 1964). El traductor dice que parece que Ferlosio ha decidido dejar de escribir.
  • Alfonso Grosso: “Bränna kol” (pp. 180-186). “Carboneo”, de Germinal y otros relatos (1963).
  • Andrés Sorel: “Rent hus” (pp. 187-194).
  • Llama la atención que Johansson se sienta en la obligación, en un texto posterior, de reivindicar la oportunidad de su antología:

    Han pasado muchos años pero yo estoy convencido de que la antología que hicimos en 1964 -y la que hizo Ebbe Traberg al año siguiente- vale la pena leerlas también 33 ó 34 años más tarde. Es verdad, como sabemos, que esta literatura realista, social o hasta socialrealista resultó ser artísticamente un callejón sin salida. Por otra parte varios de estos escritores nunca fueron representantes muy ortodoxos del realismo social. Un ejemplo es Ignacio Aldecoa, un narrador magnífico.

    Tanto la selección de los cuentos como las traducciones revelan un trabajo cuidado y con conocimiento de causa, seguramente debido al contacto directo del matrimonio sueco con los prosistas españoles. El propio Miguel Delibes, por ejemplo, da cuenta de esa amistad en su viaje “en automóvil” a Suecia a principios de los 80: “En Kristianstad, donde pasamos un día en casa de mis amigos Sonia y Kjell Johansson, las casitas de madera contiguas estaban habitadas por un mecánico y un ingeniero” (Dos viajes en automóvil, 1982, p. 35).

    El prólogo es muy bueno, y se centra en el papel de la prosa como instrumento contra la dictadura de Franco, incluyendo algunas pinceladas muy significativas sobre la censura del momento. La inclusión de cuentos de Arturo Barea y Max Aub, escritos en Barcelona en 1938, es muy acertada para darle coherencia al conjunto.