Darío: Al Rey Oscar

Oscar II (1829-1907), Rey de Suecia, tradujo al sueco Der Cid, la obra de Herder (Stockholm, 1859) con el seudónimo de Oskar Fredrik. Poeta coronado por la Academia Sueca.

Visitó España en varias ocasiones. Noticia de El Diario Vasco.

Al Rey Oscar
Poema de Rubén Darío

Le Roi de Suède et de Norvège, après avoir visité Saint-Jean-de Luz, s’est rendu à Hendaye et à Fonterrabie. En arrivant sur le sol espagnol, il a crié: «Vive l’Espagne!» Le Fígaro, mars 1899.

Así, Sire, en el aire de Francia nos llega
la paloma de plata de Suecia y de Noruega,
que trae en vez de olivo una rosa de fuego.

Un búcaro latino, un noble vaso griego
recibirá el regalo del país de la nieve.
Que a los reinos boreales el patrio viento lleve
otra rosa de sangre y de luz españolas;
pues sobre la sublime hermandad de las olas,
al brotar tu palabra, un saludo le envía
al sol de media noche el sol del Mediodía.

Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta.
El Norte ama las palmas; y se junta el poeta
del fjord con el del carmen, porque el mismo oriflama
es de azur
. Su divina cornucopia derrama
sobre el polo y el trópico, la Paz; y el orbe gira
en un ritmo uniforme por la propia lira:
el amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna.
Cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna,
y la musa de Bécquer del ensueño es esclava
bajo un celeste palio de la luz escandinava.

Sire de ojos azules, gracias: por los laureles
de cien bravos vestidos de honor; por los claveles
de la tierra andaluza y de la Alhambra del moro;
por la sangre solar de una raza de oro;
por la armadura antigua y el yelmo de la gesta;
por las lanzas que fueron una vasta floresta
de gloria y que pasaron Pirineos y Andes;
por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes;
por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña
y Velázquez que pinta y Cortés que domeña;
por el país sagrado en que Heraldes afianza
sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa
que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga;
por el león simbólico y la Cruz, gracias, Sire.

¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,
mientras la onda cordial alimente un ensueño,
mientras haya una viva pasión, un noble empeño,
un buscado imposible, una imposible hazaña,
una América oculta que hallar, vivirá España!

¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino
real, a la morada que entristeció el destino,
la morada que viste luto sus puertas abra
al purpúreo y ardiente vibrar de tu palabra;
y que sonría, ¡oh rey Óscar!, por un instante;
y tiemble en la flor áurea el más puro brillante
para quien sobre brillos de corona y de nombre,
con los labios de monarca lanza un grito de hombre!

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To King Oscar (1899)
by Rubén Darío

Following a visit to St. Jean-de-Luz, the King of Sweden and Norway traveled on to Hendaye and Fuenterrabía. Upon touching Spanish soil, he shouted: «Vive l’Espagne!» «Long live Spain!» Le Fígaro, March 1899.

Thus, Sire, in the air from France the silver dove
of Sweden and of Norway comes to us
bringing instead of an olive branch a rose of fire.

An earthen Latin vessel, a noble Greek vase
will receive the gift from the land of snow.
May the native wind carry to the boreal kingdoms
another rose of Spanish blood and light;
since over the sublime brotherhood of the waves,
as your word springs forth, a greeting is sent
to the midnight sun from the Noonday sun!

If Segismundo feels regret, Hamlet grows apprehensive.
The North loves palm trees; and now the poet of the fjord
joins the poet of the walled garden, because the same oriflame
is azure
. Its divine cornucopia spills,
over pole and tropic, Peace; and the orb turns
in a rhythm consistent with its own lyre:
love. There Siegfried (Sigurd) appears, uniting with the Cid.
Near Dulcinea shines the moonbeam,
and Bécquer´s muse of reverie is a slave
beneath a celestial pallium of Scandinavian light.

Blue-eyed Sire, thank you: for the laurels
from a hundred brave men dressed in honor; for the carnations
from Andalusian earth and the Alhambra of the Moor;
for the sunlit blood of a golden race;
for an ancient armor and the helmet of heroic deeds;
for the lances that were once a vast grove
of glory passing through Pyrenees and Andes;
for Lepanto and Otumba, for Peru, for Flanders;
for Izabella who believes, for Christopher who dreams
and Velázquez who paints and Cortés who subjugates;
for the sacred land in which Herakles set
his massive pillars of streght and hope,
while Pan brings the rhythm of his illustrious syrinx
which no thunder can cut off nor tempest extinguish;
for the symbolic lion and the Cross, thank you, Sire.

As long as the world draws breath, as long as the sphere turns,
as long as the cordial wave nourishes a daydream,
as long as there is a lively passion, a noble endeavor,
a sought-after impossibility, an impossible feat,
a hidden America to find, Spain will live on!

And since after the storm you come, as a royal
pilgrim, to the abode which destiny saddened,
may the abode dressed in mourning open its gates
to the purple and ardent vibrating of your word;
and may it smile, O King Oscar, for an instant,
and may the purest jewel tremble in the golden flower
for the one who, above the gleam of crown and of name,
with a monarch´s lips raises a man´s shout!

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