Cayetano López Chicheri: Vacaciones en Suecia (1945)

chicheriAntes de hacer un breve comentario sobre el libro, daré alguna noticia sobre el autor referente a 1936-1937 en Madrid, procedente de Nosotros, relatos familiares (1994), obra de Fernando López-Chicheri.

Cayetano, el segundo, con veintiocho años de edad, lo pasó bastante mal, pues además con su actitud, cometió, tal vez inconscientemente algunos errores, que podían haberle costado incluso la vida. Era técnico comercial del Estado, y por ello alto funcionario del correspondiente Ministerio, y como del mismo modo que en La Gaceta aparecían aquellas notas macabras de los «paseados», se publicaban las de los «cesantes», naturalmente por razones políticas, en ellas apareció el nombre de Cayetano en los primeros días de agosto. Las listas eran como orden de busca y captura, para que desde las checas o desde los tribunales de justicia populares, se produciese a su detención y salvo casual y milagrosa excepción se hiciesen candidatos seguros para aquel «paseo macabro», que siempre terminaba en una cuneta de los alrededores, y a los dos o tres días, nuevamente en las listas del periódico oficial, y en la Oficina General de Seguridad, su fotografía para hipotética identificación. Cayetano al saberse cesante abandonó nuestra casa de Nuñez de Balboa, después de pedir a su gran amigo el comunista teórico y profesor de químicas Faustino Cordón, que su partido requisase nuestra magnífica casa, para así tratar de salvar las riquezas que en su interior había, o al menos preservarlas del furor popular. Se refugió también en Alarcón número siete, la casa de los Ruano, pero con verdadera insensatez, paseaba por aquel Madrid con frecuencia, y uno de sus peores momentos lo pasaría a la salida del cine Capitol, donde en companía de su amigo el doctor Cifuentes y dos muchachas de mediana extracción, y al hacer un comentario favorable a los nacionales ya a las puertas de Madrid, una de aquellas muchachas a voz en grito les dijo: – Que yo os he tañao, que sois fascistas y os vamos a denunciar. No fue fácil el calmarlas, pero al fin lo sonsiguieron, y ya sin ellas, continuaron sus andares por la Gran Vía y entraron en el Acuarium por la puerta trasera, que daba a la calle del Caballero de Gracia. En ese trance penetró una patrulla de milicias, que pidieron la documentación. El doctor Cifuentes la tenía, pues prestaba sus servicios profesionales agregado a un hospital que se había montado en el colegio del Pilar, Cayetano con un simple papel garrapateado por su amigo Faustino Cordón, que de ningún modo les satisfizo y lre dijeron: – No te muevas de ahí, ahora te vendrás con nosotros. Pasó el miedo de su vida, pero aquellos milicianos se olvidairon de su presa y Cayetano se refugió en casa de los Ruano, y al no sentirse en ella seguro, a la de Antonio Garrigues, en Castelló, 43 que al estar casado con una americana, Elena Parker, vivían bajo la protección de la Embajada de los Estados Unidos, además que Antonio había sido Director General de los Registros y Notariado, en el primer Gobierno de la República con Fernando de los Ríos. Ya por entonces había penuria de alimentos pero en casa de Antonio Garrigues con suministro americano, se comía bien.

Pasados los meses de terror y ya en 1937, Cayetano se atrevió a salir nuevamente por Madrid y una tarde visitando la librería de Espasa Calpe en la avenida de Pi y Margall, en el segundo tramo de la Gran Vía, mientras hojeaba un libro se encontró con la encantadora esposa del cónsul general de Checoslovaquia en Madrid que le dijo: – Mon chéri Gaetano, je vous pourre aider. Appeler moi au telephone. Y de ese modo tan elemental, Cayetano a los dos días era empleado de la Legación a título teórico, aunque no abandonaría la casa de los Garrigues donde se comía mejor que en la Legación, pero sin embargo, le incluyeroon en una expedición, esta vez de «teóricos checos», que abandonaron España y en Valencia fueron embarcados, para desde Marsella, trasladarse a su país. «Gaetano» pasó a España nuevamente, pero esta vez por Irún y se integró a su Ministerio que se estaba organizando en zona nacional. Por su edad, pertenecía a un reemplazo que aún no estaba movilizado, y además, su antiguo «catarrito», curado en Davos le había liberado de por vida de todo lo que fuese servicio militar. Ya eran dos hermanos los salvados.

En efecto, Cayetano López Chicheri (1908-?) aparece (soltero, empleado, 29 años) en la lista de 1937 de refugiados y asilados de la Legación de Checoslovaquia en el Madrid de la Guerra Civil.

Dice Foxá en el prólogo del libro, fechado en 1945, en un Madrid «enero y con nieve»:

Cuando yo recorría Suecia hace dos años, pensé, entre otras cosas, que aquella tierra podría haber sido la patria de López Chicheri…

Desde estas páginas, mi saludo a los amigos del norte; al Ministro Landecho, inteligente y señor; a Manolo Orbea, viajero, descriptivo, barojiano, con su fuerte humor vasco imperturbable, que fué, desde los lagartos del trópico a los alces de Finlandia, llenando de frases felices el tedio de los Consulados; a Joaquín Herráiz, activo, sueco y levantino, que inunda de naranjas de Valencia los puertos helados de Dinamarca y Suecia; a Carlos Oroz, nostálgico de España por medio de la cocina, con sus paellas como plazas de toros, doradas de azafrán, con la sangre de los pimientos; a Sonnia.., a tantos otros; […]

En Vacaciones en Suecia (Madrid, 1945), el autor relata un viaje, en «misión oficial» a este país en julio de 1943.

Se relaciona con la colonia favorable al régimen franquista. Especialmente con su viejo amigo Carlos Tacker, nacido en Málaga pero de bisabuelo sueco, que «vive en Estocolmo trabajando en negocios de importación de vinos, de pasas, de frutos frescos españoles, como colaborador de sus parientes que dirigen la casa de Málaga». También con Manuel Orbea, que regenta la Oficina Comercial de España (Sveavägen 29) en Estocolmo. «La colonia española en Estocolmo alcanza la reducida cifra de veinte o treinta personas», dice.

Se aloja en un hotel de la Kungsgatan. En 1943 era embajador en Estocolmo Don José Landecho, que lo invita a la recepción a celebrar unos días después con motivo del Alzamiento de 18 de julio de 1936.

Otro día se hace una paella en el piso de Carlos Oroz, un levantino «casado con una sueca de la isla de Gotland». Oroz había sido lector de español en la Universidad de Uppsala, profesor de lengua y corresponsal de prensa. Allí conoce al viajero Pedro Cortez, al catalán de paso en viaje de negocios Rafael Gispert, a Fernando Coello, y sobre todo al matrimonio de Joaquín Herráiz y mujer, «otra sueca que habla nuestro idioma con un acento delicioso».

López Chicheri habla de la longevidad del Rey sueco, de la estafa de Krueger, se corre una juerga en Gotemburgo, se relaja con Tacker y los Herráez en Båstad, visita Uppsala, habla sobre la comida, la libertad de la mujer, la democracia igualitaria y la educación, etc.

Cayetano fue un tipo vividor, ocurrente y simpático. Además de este libro, escribió El pueblecito mágico y algún otro. También tiene textos inéditos, como Divagaciones de un jubilado.

[Este libro fue un regalo del amigo J.C.C.]

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