Salomón de la Selva

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Salomón de la Selva (León, Nicaragua, 1893-París, 1959) comenzó su carrera literaria escribiendo en inglés, ya que se había educado y vivía en Norteamérica. Tras hacer de secretario e intérprete de Rubén Darío en 1915, publica los versos de Tropical town and other poems (1918). Este libro tuvo tanta repercusión que se le propuso candidato al Premio Nobel de Literatura en 1919.

Combatió en las trincheras de Flandes al lado de los Aliados, como voluntario en el ejército británico. De esa experiencia nacieron los magistrales poemas de El soldado desconocido (1922), ejemplo temprano de poesía coloquial, con recursos prosaicos y conversacionales y una «dicción poética anglosajona» (Arellano, 1989, 101). De hecho, Arellano considera a Salomón de la Selva el iniciador de «la otra vanguardia» hispanoamericana, una poesía conversacional o «antipoesía» de los años sesenta que no procede de los ismos europeos sino de la new american poetry. De él ha dicho Octavio Paz (1982):

«Fue el primero que en lengua castellana aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana argumentaria; no sólo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaismo sino que el tema mismo de su libro único, El soldado desconocido (1922),también fue novedoso en nuestra lírica».

En 1919 la Junta de Educación de Nueva York le designó como conferenciante y le encargó el estudio de los diversos métodos empleados en la enseñanza del inglés.

Salomón de la Selva figura en la Antología hispanoamericana. Nicaragua de Angel Lazo (San José, Biblioteca Renovación, 1919). En el Indice de la poesía nueva americana (Buenos Aires, 1926), que es el primer recuento selectivo de la eclosión vanguardista en Hispanoamérica, se le publican cuatro poemas. Sin embargo, Federico de Onís no lo incluyó en su Antología de poesía española e hispanoamericana (1934).

«El poema de las estaciones» (febrero 1919) es una de las primeras composiciones del autor en español y no acusa la influencia de la new american poetry sino la de la vanguardia europea. Arellano ha exagerado la importancia del poema (1989, 102): «No en vano Salomón había conocido a Pound en Londres, a mediados de 1919, y escrito ese mismo año uno de sus primeros textos en español, «El poema de las estaciones», publicado como una novedosa creación de vanguardia en la revista ultraísta Cervantes de Sevilla (sic), España. Dividido en cuatro partes, la correspondiente a «Verano» que se reconoce por su obvia modernidad dice...».

En atención a la rareza de los poemas, los copiamos:

PRIMAVERA

Todo es olor, todo es impulso. ¡Qué vino más sabroso corre en las venas de tu cuello desnudo! Fíjate, amada mía, cómo huele todo. La tierra cobra suavidades de carne y transparencias de oro. Hagamos un nido. Que sea todo tuyo y todo mío, tuyo el olor, mío el impulso. Mis besos serán pájaros en tu cuello desnudo. Sobre tu carne suave mis besos serán como diafanidades imaginadas en una lámina de oro.

Primavera, primavera, ¡cómo huele todo!

VERANO

Llamas de ciudad en incendio, llamas amarillas de puntas rojas, llamas como pétalos de orquideas, llamas como lenguas de tigre, llamas que lamen el viento, llamas que se alzan del tizón y vuelan y se consumen en el aire, llamas sonoras, como latigazos, como quejidos, como caricias, como alaridos, ¡mi corazón estalló en llamas!

OTOÑO

¡La maravillosa madurez de las frutas! ¡Que el viento se lleve las hojas que doró el verano! Ya los besos de antes cobraron alas y se fueron. Amada mía, tus caricias me enqriquecen. ¡Qué cosecha más rica! Vamos a repicar campanas de bronce y a abrir de par en par las puertas del granero, para que el mundo sepa que aquí debe venir cuando tenga hambre.

INVIERNO

Recordemos la primavera en un cantar de cuna todo hecho de palabras olorosas a las flores.

El verano gritará en el corazón de la hoguera.

El otoño nos dará la enhorabuena en las redondeces de tus pechos que son de luna llena.

La buena hada blanca eternizó nuestros amores en un mito rosado que grita entre los pañales de la cuna.

¡Cantemos la nueva primavera!».

Cf. Arellano (1984 y 1989) y Henríquez Ureña (1919).



«Poetas hispanoamericanos». "El poema de las Estaciones", febrero 1919, 8082. (Final: «(Nicaragüense.)»). "PRIMAVERA". "Todo es olor,". "VERANO". "Llamas de ciudad en incendio,". "OTOÑO". "¡La maravillosa madurez de las frutas!". "INVIERNO". "Recordemos la primavera en un cantar de cuna".

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