Eduardo Colín

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Eduardo Colín (México, 19.07.1880-1945) era abogado y recorrió Europa y América en calidad de agente diplomático de México. Estuvo en Rusia y en España. Anderson Imbert (1966, 24) lo cuenta entre los poetas de «la generación del Ateneo», junto a de la Parra, Gómez Robelo, Castillo Ledón y Cravioto: «El Ateneo de la Juventud inició en 1909 una importante renovación en México».

En 1916 trabajaba en la Legación de México en Madrid Aparte del poemario La vida intacta (Madrid, 1916) es también autor de los libros de ensayos: Siete cabezas (México, 1921) y Verbo selecto. Crítica hispanoamericana (México, México Moderno, 1922).

En el primer número de Cervantes, Luis G. Urbina hace una reseña de La vida intacta (1904-1913) (Madrid, 1916). Además, a continuación, se reproduce de él «Su amor», largo poema amoroso en cuartetas alejandrinas, dedicado a Urbina. La reseña comienza:

«Es un pequeño libro de versos. Un poeta joven, serio, buen gustador de la vida y 
observador fino de la naturaleza, ha escrito durante diez años los que van de los veinte a 
los treinta sus más puras y hondas impresiones». 

Urbina acababa de llegar a Madrid y debió de encontarlo a Colín en la Legación de México. Para el reseñista, Colín es un «poeta de intimidad y confidencia», melancólico y cuidadoso en la versificación. Y termina: «El señor Colín, diplomático y literato, ocupa uno de los primeros puestos en el grupo de intelectuales de la nueva generación mejicana».

Aparte del poema «Su amor», su única colaboración es tardía (octubre 1919) y está escrita ya fuera de España, en Bogotá. Consiste en una semblanza efusiva y encomiástica de la figura y la poesía de Luis G. Urbina, en el que destaca la unión entre vida y obra, ambas marcadas por el anhelo, el sueño y la ilusión: «Y hasta en sus momentos de tedio, de pena desolada, de honda amargura, lista tiene siempre la aeronave del Sueño, está siempre imantado hacia la réverie mansa y enternecida, siempre lleva el amuleto de la fe».

De su poesía, de la que da algunos ejemplos fragmentarios y que nos dice de «los modos y la suerte comunes del término medio de la humanidad delicada e inteligente», explica: «Ese es el fondo de su poesía: los tópicos, los sentimientos constantes y cardinales de la existencia». En general, Colín trata a Urbina como a un maestro de ilusión más que como a un frío literato. El mejor homenaje que podría hacérsele, por tanto, sería: «Que una mujer de nuestra América, que una joven de nuestra raza, por algún atardecer melancólico, o bajo un plenilunio tropical, en instantes callados y en una hora oportuna del corazón, digan y amen entrañable y ilusionadamente su Poesía».


  • «De «La vida intacta». "Su amor", 1, agosto 1916, 200-204. "Su amor Ella me tiende como un rosal su rama,". (Dedicatoria: «A Luis G. Urbina»).
  • "Prestigios de América. Nuevo juicio crítico sobre Urbina", 33, octubre 1919, 99-106. (Final: «Bogotá, julio de 1919»).


Entradas en las que se habla del autor

  • U[RBINA], L[UIS] G[ARCIA], «Bibliografía», Primera etapa, 1, agosto 1916, 198199.

Eduardo Colín, La vida intacta (1904-1913), Madrid, 1916.

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