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El poeta en su escritorioEl poeta recoge las impresiones del mundo moderno mientras lo recorre en metro o tranvía, e incluso a pie. El poeta compone versos en su mente, como en un palimpsesto, al ritmo de sus pasos. Luego, en su escritorio, se pone el uniforme de trabajo. A veces, emborrona una cuartilla, una página en blanco que despierta con asombrado pudor. Esta última fase, por engorrosa e innecesaria, se produce raras veces. Mírenlo.

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